jueves, agosto 29, 2013

Historia de la creación.

Te voy a contar una historia.

Un día el Diablo, estaba aburrido de ver como todo mundo le sacaba la vuelta. Como la gente iba a la iglesia y comulgaba sin ninguna consideración ni respeto alguno hacia su rebelde y combativa figura. Entonces dijo -crearé un condimento en el que la humanidad deje sus esperanzas y se enajene con solo probarlo! Consumirán esta substancia "caída del cielo" sin ningún remordimiento alguno! -y creó la salsa Catsup.

La gente empezó a poner Catsup a las papas fritas, a los sandwiches, a los hotdogs de la uni, al huevo estrellado de la mañana, y hasta los rollos primavera!.

Dios estupefacto pensó -Esto no puede ser! Que esta pasando con esta gente? Que es eso de lo que todos hablan y comen con sus comidas? y se puso a meditar.

7 días después, Dios creó la leche helada.

El satanismo ya no es lo mismo en estos días.

lunes, agosto 12, 2013

Mi maldad no se compara con tu maldad... Parte I

Mi maldad no se compara con tu maldad... le decía a ella mientras íbamos en el carro a 80 Km/h de un pueblo a otro al tiempo que le pellizcaba el codo nada mas por molestar. – ¡No quiero que te quejes cuando te hago daño! A ver, ¿por qué no te quejas cuando tú me haces daño? – Estaba lloviendo y los malditos autos no bajaban las luces cuando venían en sentido contrario.

Llevábamos diez minutos de camino y ella ponía la misma canción una y otra vez para cantarla a todo volumen pensando que me molestaba, pero no. La verdad siempre he sido muy paciente y además me gusta la música, ¡es en serio! –le decía.

Así íbamos jugando esa noche de regreso a la casa como muchas otras veces después de cenar en alguno de los pueblos de la ruta. De sur a norte; Baviácora, Aconchi, San Felipe de Jesús, Huépac y Banámichi, es el tramo que normalmente disfrutamos cuando terminamos de cenar. Es una ruta realmente bonita, desde las iglesias (una antigua y una nueva) en Baviácora, que significa “hierba del manso”, El Cristo Negro del cual no se sabe su origen en la parroquia de Aconchi “paredón en el agua”, Las ruinas del Molino del Jojobal y el Cerro de la Santa Cruz en San Felipe de Jesús, el molino de harina más antiguo de la región que se encuentra en Huépac “Valle Ancho”, hasta el monolito grabado (piedra histórica) y el encantador aire colonial en Banámichi “Donde da vuelta el agua”.
Aquí cuando llueve, el cielo se tapa de nubes y parece como si las pudieras alcanzar con la mano y se forman pequeñas nubosidades en los arroyos sobre la carretera mientras los relámpagos hacen otro tanto allá atrás de los cerros que en este tiempo están tapizados de verde.
-Déjame manejar ¿quieres? ¿Sabes que puedes provocar un accidente?- me decía mientras yo le seguía haciendo cosquillas.
Yo no vi las luces de la camioneta hasta que las tuve a 5 metros frente a mí, instintivamente cerré los ojos,  puse mis manos enfrente como si pudiera parar la bola de fierro oxidado que venía hacia mí, y solo escuche los gritos de ella y las llantas del pickup viejo apenas esquivándonos para solo tumbarle el retrovisor izquierdo a nuestro auto.
Quedamos atravesados en media carretera como a 10 metros de distancia un carro del otro. Después del suspiro que devolvería mi alma de vuelta y bajara un poco mi ritmo cardiaco, le pregunte a ella si estaba bien, aunque no me pudo contestar nada entre llantos. Ella estaba bien.
Bajé del carro y vi como el señor del pickup estaba pálido son voltear a ningún lado, solo viendo hacia adelante. – ¡Oiga! ¿Está bien? ¡A nosotros no nos paso nada!- le grité desde la puerta. En ese momento, el reaccionó y me dijo algo con una cara que nunca voy a olvidar en mi vida –¡hay que salir de aquí!-.
A pesar de mis gritos, el se dio una vuelta y se fue rumbo al sur.

-¡Ya vámonos David, por favor!-.

20 minutos después, el pueblo se veía desolado. Estaba obscuro como era de esperarse pero no había nadie en las calles como se acostumbra cuando el calor dentro de las casas, se hace insoportable. Ni siquiera el policía estaba estacionado en la plaza de la piedra histórica.
Ella y Yo, todavía en shock por lo de la camioneta, íbamos sin hablar directo a nuestra casa a lo alto de la colina que está pasando el pueblo. Era una casa mediana y vieja que compramos a unos amigos de mis padres. La casa parecía muy rustica por fuera, pero en realidad, me ocupé de acondicionarla con algo de tecnología moderna ya que no soy muy aficionado al pueblo. Así que teníamos un pequeño circuito cerrado de video con 4 cámaras que cubrían la mayor parte del patio, además de las 2 cámaras en las puertas trasera y delantera, adentro de la casa.
Ana, Levantó el teléfono para preguntarle a su madre sobre lo que estaba pasando, pero el aparato no dio tono.
Todo estaba en silencio. Ni siquiera los perros estaban ladrando y desde la ventana todo se veía muy raro. Decidimos salir de la casa y buscar a Marielena la mamá de Ana, que vivía a un par de cuadras atrás del panteón y nos subimos al carro mientras un mal presentimiento recorría mi columna.
Cruzamos el puente y todo seguía igual, pero cuando pasamos por el cementerio, vimos a un grupo de gente que se amontonaba al fondo del camposanto y caí en cuenta de que tal vez por eso no había nadie en el pueblo. Al parecer había un entierro, pero era muy raro que no nos hubiéramos enterado antes. Además estaba el señor asustado de la carretera del que todavía no tenía alguna explicación.
Cuando llegamos a casa de Ana, todo estaba obscuro y la puerta estaba abierta azotándose por el viento. Entramos a la cocina y cruzamos el pasillo que lleva a las recámaras de atrás. Para este momento, Ana me apretaba el brazo, del miedo que le causaba el ambiente. Todo era muy raro…
Al final del pasillo, y dentro de la última habitación, estaba Marielena sentada en su mecedora viendo hacia la ventana y llamándola, Ana y yo nos acercamos a la puerta. Traté de encender la luz pero no prendió.

Marielena era una señora que aunque aparentaba 20 años más, tenía 54. Hacía 10 años que su esposo, un vendedor que comercializaba con frutas y verduras entre los pueblos, había muerto de un infarto mientras cargaba su camión para hacer la ruta de repartición entre los mercados del río.
Marielena quedó sola en su casa y no quiso nunca salir del pueblo. Nosotros la visitábamos cada vez que podíamos y le llevábamos despensa y un poco de ropa. Ella vivía bien y tenía a sus amigas con las que platicaba todas las tardes.
Llegamos a la recamara y parecía no escucharnos. Solo se mecía viendo hacia la ventana y nosotros nos volteamos a ver extrañados.
Nos acercamos lentamente por si estaba dormida. Sólo la luz de la luna que entraba por la ventana iluminaba la habitación….

Moscas.

Su cara estaba llena de moscas. Éstas salían de su boca abierta y cubrían sus ojos abiertos. Solo con el grito de horror de Ana, volaron formando una nube asquerosa por todo el cuarto. Salimos corriendo hacia el pasillo y Ana se echó a llorar en el piso mientras yo la abrazaba sin saber que hacer  y sin entender que es lo que había pasado.
Tratando de ordenar mis ideas, escuché un murmullo afuera y escuché perros ladrando. Como si el grito de mi mujer, hubiera despertado al pueblo. Nos sentamos en el comedor y le serví agua tratando de consolarla. Cuando una mosca cayó en el vaso, decidí que nada de esto era normal y tenía que salir a buscar respuestas…
Salí de la casa y me paré en el pórtico donde rechinaba la puerta del cerco. A lo lejos vi una figura que se acercaba lento pero firme hacia mí.

-Oiga! Necesito ayuda! -…
-Oiga! Me escucha? Venga por favor!

Me di cuenta por la vestimenta, que era Joaquín el de los abarrotes de la esquina.

-Don Joaquín! Ud sabe que le paso a Marielena? -…

Cuando el señor estaba a unos cuantos metros y la débil luz del poste iluminó su cara, no podía creer lo que veía. Por un momento pensé que era mi imaginación influenciada por el susto que había tenido minutos antes, pero cuando lo tenía enfrente vi con horror la cara ensangrentada y desfigurada de ese hombre. No podía ser posible que estuviera caminando tan tranquilamente con su mirada fija en mí. Le faltaba la mitad de su mandíbula y en su mano cargaba lo que parecía ser una hoz.
De pronto, Don Joaquín me atacó sin responder a mis preguntas y pronto me di cuenta que no me escuchaba. A él solo le interesaba hacerme daño con su herramienta y esquivando el golpe, lo tumbé de un empujón al suelo. –Que está pasando? Este señor está… -Recordé que había dejado a Ana sola en el comedor de la casa… y luego recordé que no estaba sola.

Llegué a la cocina y aliviado vi que ella estaba todavía ahí sentada. La tomé del brazo y nos apresuramos a la puerta de la casa. Pasamos por el pasillo y nos dimos cuenta de que Marielena ya no estaba en su silla.

-David, que está pasando? Dónde está mi mamá! –Tenemos que salir de aquí…


Mi corazón estaba a punto de salir corriendo por si solo y todo lo que pensaba era en que teníamos que llegar a nuestra casa a como diera lugar antes de otra cosa sucediera…

jueves, agosto 01, 2013

Una cita con el Diablo.

Estaba en un cuarto del departamento de mi familia. Era una tarde gris y lluviosa cualquiera y desde la ventana se podían ver a los paseantes que caminan sobre el empedrado mojado.
Ella en su vestido blanco, me jalaba hacia la cama coqueteándome y toqueteándome. Realmente me hacía pensar que yo era el único que podía satisfacer su apetito en este mundo. Yo no sé por qué ella estaba interesada en mi y aunque me daba miedo por lo que pudiera pasarme. Su encanto era poderoso y era casi imposible resistirme.

Tal vez deba empezar explicando que ella era el diablo, y no quiero decir que era una de esas mujeres malas que te hacen sufrir por sus travesuras, o que juegan con tus sentimientos. Ella realmente era el diablo y yo lo sabía, pero no me importaba. Yo sentía que ella me quería, me trataba bien, era la mujer más amable, más hermosa, y simpática que en mi vida conoceré. Su cabello negro y su piel blanca que podía oler, sentir y volver a enamorarme cada vez que ella volteaba a verme con sus ojos deliciosos con los que me saqueaba el alma.
Ahí estaba ella invitándome a la cama y diciéndome que yo era todo lo que ella necesitaba. Se había sacado los tacones y de un brinco estaba en el colchón jalándome del brazo para que la besara.
En ese momento yo todavía estaba consciente de lo que estaba a punto de suceder y me resistía un poco. Sabía que no debía de meterme con el Diablo. Estaba yo a punto de venderle mi alma y yo no quería pero, ella se puso seria…
Oh no! No lo pude soportar… me miró con esos ojos, mientras apenas sonreía y después de un rato bajó la mirada hacia mi boca.

...Cedí.

Me perdí por completo y me deje caer sobre su cuerpo caliente. Ella me quito rápidamente la camiseta y yo ni siquiera sabía por dónde empezar. Cuando menos lo pensé ella estaba desnuda y yo recorría su pecho con mi boca hacia su estómago lentamente mientras mi mente se perdía en ese dulce infierno.
Con mis manos, yo disfrutaba desde sus pies perfectos hasta sus caderas carnosas y tibias mientras mi boca le sacaba expresiones que me embrujaban cada vez más…

De pronto, a lo lejos, escuche voces que llamaron mi atención y me pusieron en alerta.
Eran esas personas que nos estaban buscando. No se como me pude levantar y vi por la ventana que estas personas entraban por la puerta del edificio para llegar al tercer piso que es donde estábamos.
Ella me decía “No pares…” pero alarmado, la levante de la cama y nos pusimos la ropa para escapar de ellos.
Salimos por la escalera de servicio. Y bajamos rápidamente hacia el patio trasero, que era un corredor donde había mucha gente caminando, así como vendedores de algodón de azúcar y demás chucherías.
Salimos corriendo hacia la calle principal y los hombres que nos seguían salieron por la puerta de atrás gritándonos que nos detuviéramos hasta que nos alcanzaron y nos inmovilizaron sin dejarnos escapar.

Todo intento de huida, era inútil.

Eran un policía, un profesor, una mujer y otra persona desconocida. A mi acompañante la esposaron y le inyectaron no se que en el brazo para que no se resistiera, y a mí me separaron y me explicaron el por que nos estaban persiguiendo…

No me malinterpretes por favor. Yo no sabía lo que estaba sucediendo y fue una sorpresa para mi, lo que ellos me dijeron.

La mujer con la que yo estaba, estaba muy lejos de ser el Diablo y nunca supe su nombre.
 Ella era un hombre que se había escapado de una institución mental especial, para gente con habilidades sobrenaturales y tenía el poder de proyectar una ilusión en la mente de los demás, y yo fui su víctima en ese momento. El no era una persona cuerda y había tejido toda esa trama demoníaca, metiéndose en mi mente y manipulándome desde mis más profundos sentimientos y pensamientos.


En ese momento desperté.

Esta imagen la tomé de aquí.

lunes, julio 29, 2013

La Cueva Pinta.

El 17 de Julio del 2010, andaba yo en el monte caminando bajo un buen nublado. Estaba muy sofocado y la verdad, mis 2 amigos y yo andábamos muy crudos, Marcelo.

Una noche antes, en la borrachera nos habíamos comprometido con nosotros mismos a salir a las 4 de la mañana rumbo a la sierra y conquistar la cima del cerro cabezón que se ve ahí atrás del cerro santo.
Le dije al Judas que se encargara de las bebidas energéticas porque sabía que en la mañana tendríamos mucha sed y nos esperaba un largo camino cuesta arriba.

A las 4 en punto pasó por mí en el pickup blanco y luego fuimos por Nacho. De ahí agarramos el camino que va hacia la mina, pero nos desviamos rumbo a Santo Niño, que es una capillita que está metida en la sierra. De ahí, llegamos muy temprano a un rancho que se llama El Bajío, nos tomamos un café y partimos hacia la falda del cerro.

Cuando nos bajamos del carro, abrí la hielera para tomar agua…
-Judas, esta hielera solo tiene cerveza…
-Pues… Me dijiste que trajera las bebidas… Que no?

Realmente esto fue toda una aventura.

Cuando empezamos a subir, Nacho nos para de repente señalándonos una víbora de cascabel que estaba enrollada sobre una piedra justo enfrente de el, donde iba a pisar. A mí me costó encontrarla y solo cuando movió el cascabel, fue cuando la vi camuflajeada.
Nacho, tranquilamente cogió una piedra del suelo y se la estrelló en la cabeza a la víbora.

Tuvimos suerte de que estuviera muy nublado y aguantamos bien hasta la punta del cerro.




El paisaje fue impresionante todo el camino.
Parábamos a descansar de vez en cuando, siempre muy atentos a cualquier animal al que se le ocurriera enfrentarnos.








 Allá al fondo se veía un arco iris donde estaba lloviendo.

Judas, Nacho y yo, pensábamos que nos iba a llover en el camino, pero solo lloviznó un poco.
 A lo lejos se veía la tormenta.






Acá estoy yo, mas flaco que ahora, a medio camino a La Cueva Pinta.


 En realidad, la cueva es chica y tiene algunas pinturas rupestres. Ahí nos sentamos a comer unos sándwiches que habíamos llevado.





Acá estoy parado en una piedra a lo alto del cerro. Muy buena vista desde ahí.
 Aquí se puede ver parte de la mina, en el centro de la fotografía. Ese tapete negro que se ve ahí, es el patio de lixiviación.







Cuando llevábamos un buen tiempo allá arriba, llegó el vaquero del rancho con un caballo y yo viajé muy cómodo de regreso.
Después, en el pueblo, me metí a bañar en un canal y todo fue muy divertido.

...Y así viví el 17 de Julio del 2010.

sábado, julio 27, 2013

La niña que se convirtió en cama.

Sucedió ese día
a ella le salió un extraño bello.
su cabeza se hinchó blanca
y suave como una almohada.

Su piel, que se había hecho
toda escamosa y podrida,
ahora era 100% algodón.

De sus órganos y el torso
le brotaron como alas,
un hermoso conjunto
de colchón y resortes.

Era tan terriblemente extraño
que se puso a llorar.
pero al menos después de eso

tengo un buen lugar para dormir.

-Tim Burton.

domingo, julio 21, 2013

Nada.



Se lo que me vas a decir
"no estoy de humor para reír"
y yo te digo que me vale madre
No me molesta nada
solo quiero estar sentado junto a la
ventana...
de mi cama y mi almohada
Con la guitarra digo
que con el cigarro pienso y pienso
pienso en dejarlo,
mientras lo enciendo
Y la mirada se me pierde en el te echo
y la weba es un hecho
me converti en un humano
y me llaman por mi nombre.

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Espero que te guste.